No conozco a nadie, ni lo he conocido nunca, partidario del aborto. Nadie, que yo sea, ama el aborto, a nadie le gusta, y menos que a nadie a las mujeres que por la razón que fuere se hhan visto obligadas a interrumpir su embarazo. No hay, pues, partidarios del aborto, y sí, en cambio, muchos conformes con el procedimiento clínico que permite, amparado por la ley, no traer al mundo hijos no deseados o imposibles de traer por las más diversas circunstancias, la edad casi infantil de la madre, el riesgo para su salud y su vida, el fruto de una violación, una prole excesiva, la pobreza extrema, la aversión incontrolable del propio embarazo...Pero más numerosos son aún los que defienden la libertad decisiva y última de la mujer en lo relativo a su propia vida.
Están siendo llamadas a declarar al Juzgado numerosas mujeres que en su día interrumpieron su incipiente gestación, sospechosas de haber conculcado las condiciones que la ley impone para llevarlo a efecto, pero es semejante procedimiento judicial, el de retrotaer a esas ciudadanas a un episodio particularmente amargo de sus vidas, el que podría estar conculcando una ley superior, la del respeto debido a esas personas y a su intimidad. Persiguiendo un supuesto daño, la Justicia no puede inflingir un daño mayor, de suerte que la acción de la Fiscalía tendente a evitar ese daño a pacíficas ciudadanas se antoja importantísima en la actual campaña de la reacción carcunda para su descrédito. A nadie le gusta el aborto, a las mujeres menos que a nadie, pero a todos, salvo a los de siempre, nos gusta enormemente la libertad.
Rafael Torres
Información Jerez
15/01/08
campos de castilla
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